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SEGUNDA MADRUGADA

Posted in Rafael Palaciox, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

“En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación.”

Octavio Paz.

Llueve en la ciudad, como todas las veces que llueve y el agua hace una especie de río interminable por todas las calles. Llueve y las gotas más grandes hacen eco estruendoso en las láminas de los techos y los paradores de camión. No hay itinerantes en las calles, todas éstas permanecen al acecho de seres humanos para sentirse vivas, pero hoy no, hoy las banquetas vivirán su soledad entre asfalto mojado, basura, grafitis y labios húmedos sabor a despedida. Ahí estás tú de madrugada, nuevamente, impasible en la orilla de tu cama. A la espera de un relámpago que ilumine la habitación y te de un poco de certeza por el sueño que acaba de concluir. Afuera, en el frío del callejón, una voz se atreve a musitar entre el sonido monótono del aguacero, pero se confunde con una especie de murmullo aletargador que te hace aguzar la mirada desde el balcón para saber de dónde viene ese ruido, o si quizá solamente fue un sueño, perteneciente a la sensación onírica que te acaba de despertar.

Estás alerta a pesar de la hora y el momento. El instante justo de las pesadillas, aunque esta vez decidiste afrontarlas, plantarles cara retadora y aguardar. Tus voces (nuestras) te mantienen despierta y con un insidioso fulgor que ilumina la que hasta la noche anterior, fue nuestra (tuya) habitación.

Por eso tenía la obligación de llegar a esta hora, porque aunque sé que eres de carácter difícil y pensamiento complejo, tuve la necesidad de verte y no podía hacerlo bajo otras circunstancias. Es cierto, tú y yo necesitamos de momentos que nos tengan al borde y así alucinar con peculiares demonios que sólo nos entienden a nosotros.

Cuando aparecí, me di cuenta que te diste tiempo para ordenar las gavetas de los libros, para poner en su sitio el café y el azúcar, no junto a la sal y la pimienta; sino donde es adecuado para ti. La colección de discos la encontré sin polvo, seña que la estuviste escuchando mientras me aguardabas, lo confirmó la botella de whisky abierta a un lado de un vaso con hielo hecho agua y lipstik carmesí en su borde. Un camel consumido a la mitad, perfectamente acomodado en el cenicero de tu último viaje a Uxmal, me dijo que estuviste hasta muy tarde mirando entre cortinas, aterida por la soledad y el frío de la madrugada.

Es cierto, tienes mayor tranquilidad en tu vida. Incluso te das el tiempo de levantar el desastre que dejé (te dejé) a mi partida. Sigues paseándote desnuda por la casa, ni siquiera usas aquella bata de seda, recuerdo de tu estancia en Roma, con la que salías a recibirme no importando quién estuviera afuera y cómo estuviera el clima. Tal vez no la lleves porque cuando me fui dijiste, “la volveré a usar cuando regreses”. Aunque cuando me viste en sueños, la tenías puesta e incluso, pude notar el nacimiento de tus senos a través de ella, la sobre posición de tus pezones excitados y entre tus piernas, tu pubis sonrosado que amenazaba con ser dique de mis deseos.

Me sonreíste en tu sueño, pesadilla o alucinación (nuestro). Te pude ver a través de las paredes de la casa (¿tu casa? ¿Nuestra?), agazapada entre la cómoda y el sofá de la sala donde tenías tu escritorio para escribir. “La artista aquí eres tú”, te dije extendiéndote la mano, queriéndote quitar el cigarrillo de la boca y así poder beber de tu aliento sabor madrugada y J&B. El agua precipitándose por toda la ciudad y arrastrando lo que se ponía a su paso te daba seguridad de ser como ella en el amor; salvaje, desesperada y sin freno para sólo ir y estar yendo por tus quimeras. Por eso me dejé llevar por ti, aunque a mitad del viaje me hayas dejado triste y desamparado, luego del siniestro que fue vivir en tu cerebro.

Pero el recuerdo yace ahí, vívido. Sentada tú allí, en el borde de tu cama, sin entender y pretendiendo encontrar explicación a lo que hasta hace horas, deambulaba ebrio de deseo por las avenidas de tu inconsciente. Una ráfaga de viento atravesó tus sentidos hasta cegarlos de confusión. Aunque estaba todavía el recuerdo de unas manos que te maceraron a fuerza de pasiones encendidas, no lograste identificar el incesante braille que te exploró el cuerpo hasta hacerte estremecer y crispar ese musculo que reaccionó expandiéndose hasta hacerte delirar. Esas manos eran mías y debo decirte que sufren de ausencia de ti, que desde ese sueño tuyo no dejan de temblar y buscarte a ciegas en otros cuerpos y otros sueños ajenos.

Por eso regresé hasta donde pude, sabiendo que no podía tenerte en tu realidad ingrata. Porque aunque soy esencia tomada de un lugar y que ocupo un espacio y una densidad, sólo soy viento helado que se cuela por tu espina dorsal, materia informe que te provoca una sonrisa cuando me descubres a tu espalda; que aunque tienes intención de darte vuelta y averiguar, no lo haces, porque sabes que no me puedes ver.

Cuando una desnudez toca otra desnudez, sufre eternamente por ella, lo supe desde que llegué a habitarte (¿tú, habitarme?), lo supe por la mañana, cuando tuve que dejarte porque somos seres imposibles en este espacio trastocado por mi. Derrotado escribí esta nota para ti, para que me recuerdes siempre como me viste en tus sueños (nuestros), para que sigas apareciendo en las noches lluviosas y llenas de azar. Sigo vagando e irrumpiendo en ensoñaciones ajenas, buscando a la mal parida casualidad que un día me llevó hasta tu puerta. Te dejo esta nota por necesidad, porque quiero que sepas que estoy aún detrás tuyo aunque no me percibas, que te beso cuando el viento abre de improviso tus cortinas, que te acaricio cuando tu ropa resbala por tu cuerpo al desnudarte en la noches, que te imagino en mi soledad sin sustancia cuando invado un sueño ajeno y cierro los ojos pensando que al abrirlos estarás tú, no ha sucedido. Por cierto, no te sientas obligada a responder, de todas formas no podrías, ayer me lo dijo una amiga, compañera en la bruma: “Los fantasmas no reciben mensajes.”

FIN

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Fotografias de Rafael Palaciox

Posted in Arte Grafico, Rafael Palaciox on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis