Archive for the Paola Klug Category

“Camino-Caracol”

Posted in Activismo Artistico, Paola Klug, Poesia on June 4, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Soy mujer ancestral

Que llora en ríos y montañas por la sangre derramada de su pueblo,

mientras mira a los viejos poetas besando al asesino

en lugar de usar sus labios como arma,

mas también sonrió por el valor de los jóvenes- guerreros jaguar

que se niegan a someterse ante el control del  tirano

y danzan al compás de sus propios tambores

resucitando viejos sueños.

 

Soy mujer ancestral

Y bendigo al maíz criollo– al que está libre de transgénicos-

Y me embriago de cebada  cada noche

cuando me alumbra la luna y recorro el camino-caracol

para convertirme en águila y en tecolote

o  regresar a mi origen de víbora-mujer

como mis abuelas purépechas, huastecas, aztecas…

 

Soy mujer ancestral

mi piel no es azul, ni tricolor, tampoco roja, ni amarilla

mi piel es libre como mi mente, como el aire del campo, como las olas en el mar

como el humo del tabaco en el altar

en donde rezo

por las almas de los setenta mil muertos

mientras mi pueblo mira un debate –o el fútbol (depende el canal) por su televisión.

Soy mujer ancestral

destinada a vivir entre gente que se contenta con repetir su historia

como si las muertes no dolieran,

como si los desaparecidos fueran un rumor,

como si la represión fuera el pan – a falta de tortilla en sus mesas

Soy mujer que no cree mentiras ni promesas de campaña

que lee libros y habla con las nubes

que no predica amor, lo da en silencio

que no usa su feminidad para ocultar sus carencias

que no usa gel porque daña el cerebro.

 

Soy mujer ancestral

mujer lluvia,

mujer pulque,

mujer peyote,

mujer coyote

aullando a la manada

que se perdió en el camino

en el caracol

caracol-camino

camino-caracol…

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Nada es lo que parece

Posted in Palabras de Eros, Paola Klug on May 3, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Era mi profesor de literatura en la Universidad. No era atractivo, ni siquiera simpático. Pero tenía un don, saber hablarle a las mujeres. Mi primera impresión es que Mario -ese es su nombre- era una especie de telaraña diseñada biológicamente  para atraer moscas y mosquitas…

Era un hombre adulto, entre cuarenta y cincuenta años. No era el típico maestro universitario enfundado en trapos con aires setenteros, era más bien informal en su vestir, un tanto desaliñado en ocasiones. Cuando Mario abría la boca fuera  del aula era para insultar o para seducir.

No tenía discursos incendiarios, no era un hombre  revolucionario, pero era rebelde, antisistemático. Se valía de sus recursos poéticos y de su colaboración en diversos foros virtuales en la web dedicados a la literatura para conquistar a las chicas.

Me consta que nunca obligo a ninguna de mis compañeras a hacer nada que ellas no quisieran. Tampoco se trataba de sexo por una buena calificación; para ellas era solo coger con un profesor, embriagadas por su encanto y para el todo se reducía a coger por coger.

Podía convencerlas de traer un vibrador durante una hora sentadas en la cafetería, o de participar en orgías donde el era el único hombre presente. Luego, ellas tenían que escribir sobre sus aventuras sexuales y el guardaba aquellas notas como trofeos – para masturbarse seguramente en la tranquilidad de su hogar-

Conmigo no fue distinto, también lo intento. No de forma sexual, sino de una manera más profunda. Pero a mí no me interesaban sus testículos en la cámara web, tampoco su forma de recitar; a mí me interesaba el hombre detrás de la máscara.  Conocerlo por lo que era, no por lo que simulaba ser.

La psiquis humana está llena de enfermedades. A mí me obsesionaba saber cuál era su enfermedad…

Hasta donde sé, fui la única que no cayó en su juego, más bien al contrario  jugué a dejarlo jugar.  Le di alas y se las corte una y otra vez a lo largo de ese par de años.  Me llamaba a mitad de la madrugada y me recitaba poesía mientras se masturbaba, cuando presentía que estaba a punto de eyacular colgaba para hacerlo perder su erección. Me escribía mails sugerentes, me desnudaba con los ojos cuando le entregaba mis exámenes, rozaba mis manos cada vez que le entregaba las tareas. Lo obsesione para conocerle.

Dejó de hablarme durante meses – resignado y frustrado- no más mails, no mas llamadas, no mas miradas…

Supe quien era a través de su miedo.  El, como todos en esta sociedad enferma, simplemente se sentía solo y no podía permitirse la vulnerabilidad. E  intentó estar a mi lado con mayor fuerza.

Dejo a un lado a todas esas chicas con las cuales se acostaba de todas las formas posibles, se tomo unas vacaciones – cual Marques de Sade en el Manicomio- y yo simplemente lo deje ser.

– Maestro; le susurraba al oído por el auricular cuando lo escuchaba gemir del otro lado de la línea.

-Mela, mi Mela, mi puta.

Mario no estaba enamorado de mi, solo quería estarlo para no odiarme por saber quien era. Y las semanas se hicieron meses, y los dos actuábamos conforme a nuestros respectivos personajes. Yo en mi papel de amante sumisa ante la virilidad -herida- del Maestro.

Una noche de octubre mi teléfono sonó.

Respondí.

-Maestro…

– Pinche puta hija de la chingada. ¡Deja en paz a mi marido desgraciada!

(Mario seguía siendo una caja de Pandora. Todos en la escuela sabían que su mujer había fallecido años atrás a causa del cáncer)

-Te lo advierto pendeja, te vuelves acercar a mi esposo y te mato.

Sonreí.

Escuche a Mario a lo lejos pedirle perdón a su mujer.

-¡Cuelga, por favor cuelga!

Reí con más fuerza. Colgué.

Mario marcó  nuevamente para avisarme que lo “nuestro” había terminado. Yo estalle en carcajadas – por fin entendía porque le encantaba someterme, amarrarme mientras me penetraba ostentando su poder, apretar mi rostro hasta dejar roja mi quijada, morder mis muslos, jalar mis cabellos, golpear mis costillas, asfixiarme hasta que llegaba al éxtasis.

Mario, mi maestro, mi pobre maestro – él era el sometido-

No regresó a la Universidad, yo tuve que cambiar de número celular por el acoso de su esposa, me gradué y durante años no supe nada más de él.

Hace unos meses descubrí que me “espiaba” en las redes sociales, cuando se vio descubierto comenzó a enviarme mensajes nuevamente. Nada sexuales, esta avergonzado de sí mismo, no puede perdonarse su falta de poder.

Hoy supe que “Emphaya” es su nueva Mela. Espero que ella no sea tan curiosa como yo y prefiera aferrarse a la imagen que el maestro brinda, porque si alguien más rasca un poco bajo la tierra que el pisa, descubrirá que nada es lo que parece…

No mentiré, de una forma extraña Mario también me conoció por lo que soy, me enseñó a mi propio monstruo poniéndome frente al espejo que es el.  Al maestro le debo algunos de mis bacanales mentales, mi afición por las mentes torcidas en este mundo de seres amantes de las máscaras, incluidas las de nosotros dos….

Vacio Cristalizado de un Aparador

Posted in Paola Klug, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

(Caín y Abel Contemporáneos)    

El hombre conoció a su mujer, Martirio. La cual concibió y dio a luz a Corina. Entonces ella dijo: “¡He adquirido una hembra aunque quería un varón”!

Años después dio a luz a su hermano Arim. Y Arim se convirtió en un soldado enamorado de recuerdos bellos, y Corina fue una engarzadora, destructora de recuerdos bellos.

Aconteció después de un tiempo que Martirio pidió una ofrenda a sus dos hijos, enseguida de la muerte de su esposo. Quería llenar una pared con su propio ego, usando a los personajes, sus hijos, convirtiéndolos en los comparsas para presumir sus proyecciones “deliricas” con todos aquellos que vieran el muro. (El vacío cristalizado en un aparador) La ofrenda seria recompensada con más de ese “amor”  maternal que nace de la miseria – carencia  envuelta en su propio desquicio.

Arim fue el primero en traer sus ofrendas: Un diploma de graduación con las estrellas “jerárquico-simbólicas” del inicio de su carrera como autómata –animal obediente en un sistema castrado de voluntad propia y de ausencia de criterio. Una fotografía enmarcada que plasmaba su conformidad o pasividad en un mundo repleto de modelos – esquemas mecánicos lineales con la careta de una sonrisa feliz por el adiestramiento. Y un sobre con el dinero ganado al venderse por la ilusión de poder, ambición y frustración sentida al no aceptarse a sí mismo. Todo esto valía si con ello podía ganarse el amor de su madre y la admiración y respeto de todos los que vivían en “su mundo”. Su madre sonrió, y miro con agrado sus ofrendas.

Corina jamás estuvo interesada en la competencia organizada por su madre, así que olvido traer algo a casa. Al llegar, Martirio le pidió su ofrenda, Corina sacó de su mochila un libro de antologías de Charles Bukowski con una página doblada en “El genio de la Multitud”, una cajetilla de cigarros a medio fumar y un disco quemado con la película “Blood of Poet” de Jean Cocteau. Martirio no miro con agrado a Corina, ni tampoco a su ofrenda. Corina sonrió entonces y camino hacia su recamara – refugio.

Martirio fue hasta ella y le pregunto ¿Por qué te has enfurecido? – Al contrario madre, no me gustaría dejar “mi ofrenda” en tu muro, pues ninguno de aquellos que la vean, incluyéndote a ti o Arim, le entenderán.

Martirio respondió:

-Si haces lo bueno ¿no serás enaltecida? Pero si  no haces lo bueno el “fracaso” estará a la puerta y te seducirá, deberías ser como tu hermano que ha triunfado.

– Desde que me diste vida he fracasado…

Corina tomo algunas cosas por la noche, lleno su mochila y se alejó del muro, la competencia, del triunfo y la familia. Desde lejos fue maldecida por Martirio y Arim, para ambos, ella había muerto. Fracasada, Inútil, Parasito, Loca…

Corina se auto-exilio y asesinó con una quijada de burro que encontró en el camino rumbo al monte a su sombra, aquella que creía que era – ella  quedó tumbada y desangrada entre el polvo y el recuerdo de aquellos que la maldijeron.

Tiempo después, el muro se volvió una galería repleta de reconocimientos, medallas, condecoraciones y vanaglorias ofrendadas por Arim a Martirio. Muchos contemplaron admirados y sorprendidos aquella patética e ilusoria obra. Todos aplaudían los logros del hijo recolector de momentos vanos.

Una mañana soleada, una de las prostitutas a las cuales vendió su dignidad decidió cobrarle sus gozos insustanciales quitándole la vida. Y allí, de la manera más fútil Arim se dio cuenta de que todos los triunfos colocados en el muro que ofrendo a cambio del amor de su madre eran intranscendentes, superficiales, así como la vida que decidió vivir.  Y murió en la inmensidad del mar, sintiéndose pequeño.

Martirio colocó en su muro la mejor de las ofrendas, el cuerpo de su hijo ¿amado? Hizo un altar junto a los diplomas y medallas, puso flores y ángeles rodeándolo. Y lloro amargamente, no por haber empujado a su hijo al abismo, sino porque no tendría otro que le hiciera un homenaje a su ceguera. Martirio creo a su propio mártir…

Y Corina sigue viajando hacia la tierra de Nod.

HISTORIAS E HISTERIAS EN EL BAJIO MEXICANO

Posted in Arte Grafico, Non Serviam, Paola Klug on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

ATAQUES DE FALSA BANDERA

Posted in Activismo Artistico, Paola Klug on March 13, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Tres días de luto

Por la muerte inútil de sesenta y cinco mil personas

Como si fuese una broma, como si fuese una burla…

Aquel con voz pasiva desde su falso pedestal

Nos habla de pena y de tristeza

¿Acaso sintió su piel quemarse? ¿Sus dedos fueron mutilados?

¿Encontraron alguno de sus hijos balaceado en un reten de los que juraron protegernos? ¿Su esposa fue violada, estrangulada y asesinada?

¿De quien es el dolor sino del que lo padece?

Tres días de luto por cada cabeza cercenada,

Por cada madre que se vuelve loca, por cada hijo huérfano,

Por cada hermano asesinado, por cada amigo sin aliento.

Tres días de luto por cada militar ciego que aun cree que sacrifica su vida a la nación y no a los intereses de un pendejo.

Por cada policía que tuvo hambre y se volvió sicario

Por cada casquillo encontrado en la carne ensangrentada…

Tres días de luto dice lloroso el imbécil que nos vendió por una silla,

Con la conciencia alcoholizada, y las manos lavadas de sangre

En algún lavamanos de mármol.

Un pedazo de tela negra simboliza su “dolor” en el palacio donde el pueblo no importa, donde no se escuchan, donde ni siquiera se ven…

¿Por qué no colgar del asta su falsa bandera? La que usan para justificar sus matanzas, la que usan para vendernos miedo…

Un terrorista que habla del terrorismo, homicida incendiario copia barata de Nerón,

Cinismo en la foto del recuerdo…

Tres días de luto, mientras las masas olvidan

Mientras se esconden en sus casas en vez de tomar sus calles

Mientras cambian de tema,

Mientras esperan mecánicamente

Los tres días de luto en su propia puerta

DOCTRINA DEL SHOCK

Posted in Activismo Artistico, Paola Klug on March 13, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Estamos en depresión,

Apáticos y agachados,

No importan las sirenas, ni los balazos,

No importa la explosión, ni que el ejercito acordone la zona.

Porque estamos cansados, terriblemente cansados,

Esa es la Doctrina del shock,

Entristecernos sin saberlo,

Mantener nuestras rodillas en el suelo,

Agotar nuestra reserva de sensibilidad

Y nosotros,

Nosotros solo miramos a otro lado

Buscando refugio en mundos mentales

Donde la TV no necesita repararse,

Donde el dinero alcanza para todo,

Donde el colgado del puente es un mito urbano.

Estamos en depresión

Y cerramos los ojos en el metro para soñar con el apocalipsis

Sin entender que vivimos en el,

Porque nos prometieron que todo iría mejor,

Con los impuestos, en las campañas, con la tenencia.

Y dormimos asustados con el puño cerrado

Porque en las mañanas el puño se abre

Para con la mano pedir limosna y perdón.

Perdón por pensar,

Por creer,

Y nos damos cuenta de que la esperanza

Es la peor tragedia de la humanidad…

Y lloramos con lágrimas secas mientras comemos del plato semivacío,

Y gemimos en silencio mientras pagamos el gas y la luz

Pero usamos la corbata y los tacones con gracia

Y sonreímos con desgana entre la multitud

Porque pagamos las deudas a quienes nos esclavizan,

Porque aun tenemos crédito en la tarjeta telaraña,

Porque queremos creer que el consumo compra la felicidad.

Y nos consumimos,

Ardemos en llamas

Porque nada es suficiente para llenar el vacío

De los huevos que nos faltan

Para gritar:

 ¡No más!

¡No más!

¡No más!

NEGACIÓN Y DÍAS GRISES

Posted in Activismo Artistico, Paola Klug on March 13, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Que no escriban mis manos, sino mis lágrimas,

Me niego a perder mi capacidad de asombro,

A aceptar una bota en mi estómago y un rifle en mi cabeza,

Me niego a sentirme cómoda entre helicópteros que vuelan  bajo,

Y ante patrullajes de enmascarados,

Me niego a conformarme, a girar la cabeza y mirar a otro lado

Mientras todo se derrumba

Me niego a hablar de amor cuando todo se basa en miedo,

A decirle arte a la cobardía.

Me niego a perder el NO en mi postura,

A la pasividad mecánica, a justificar sus muertes,

Me niego a creer en mentiras y participar en sus circos,

A callarme, a gritar, a lavar sus manos manchadas de sangre con palabras huecas.

Me niego a abrazar ideales caducos, a sentarme mientras los demás se arrastran

A ser como ellos,  a perderme entre ellos, a morir como ellos.

Me niego, me olvido, me asesino…