Archive for the Jorge Castillo Martínez Category

Oraciones

Posted in Jorge Castillo Martínez, Poesia on June 25, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

*Que no espere el abismo a que tú llegues

Porque llegarías muy tarde

Ni pregunte mi pluma por tu sangre

Ni tu ausencia se presente en lo que escribo

 

*Has visto llegar el día y huir las esperanzas

Mi corazón te esperó toda la noche

 

*Si yo “supiera” cuál es el límite del mundo

te llevaría, te llevaría, te llevaría

Y si pudiera mostrarte el abismo

para que allí tuvieras ganas de matarme

Yo sólo te amaría

 

Recuerdas…

Posted in Jorge Castillo Martínez, Poesia on May 26, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

– ¿Te acuerdas, mamá, cuando abrí por primera vez los ojos?

– Sí, lloraste como no he visto llorar a nadie. No querías nacer. Presentiste algo, te asustó mucho y cuando lo viste…. no hubo manera de consolarte.

– No lo recuerdo. Mamá, cuando me cargabas, ¿sabías que iba a ser poeta?

– Tal vez. Un día creí ver un brillo extraño en tu mirada; como cuando ves los amaneceres, los árboles del parque por donde caminas, la lluvia, o cuando miras por la ventana y respiras aire fresco. Es como si buscaras todos los significados.

– ¿Verdad que soy el viento?

– No cabe duda. De niño te dejabas explotar y después te alejabas de todos, pero nosotros sabíamos que estabas en todas partes.

– Y si yo soy el viento, ¿quiénes son mis padres?

– ¿Acaso no te das cuenta, hijo, que soy sólo una Sombra sobre tu cama y que tu padre es El Frío?

– Sí, pero no quería recordarlo. No quería recordar que aquí no hay nadie.

– Perdóname hijo. Te quiero mucho.

– Sí, tú sí me quieres. Dime por último madre sombra, ¿cómo sé cuándo creer en algo?

– Siéntelo en el corazón, lucha por ello.

– ¿Qué pasa si me canso?

– Llora, llora mucho hasta que te duermas.

 

 

 

La Espera

Posted in Jorge Castillo Martínez, Poesia on May 8, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Soy arcaica estatua de arcilla

 abatida en fauces del tiempo,

 al viento propagadas mis orillas.

 Cielo nublado, mareas de papel,

 sesgados por peces de fuego,

 inanes astros habitan mi universo

 y hojas de los bosques derretidas

 (cuya sombra no me cubre)

volcadas en el viento cual favila.

 Ave de hielo, río fugaz

 si no tengo ojos ¿con qué te veo?

 ¿En qué lánguido viento ya resbalas?

 En la ausencia de mi corazón

 presiento la espesura de follajes.

Mi mente fluye en el humo del pabilo

de un candelabro de mercurio que se apaga.

En el cielo distingo una ventana:

los confines de tus párpados durmientes

más allá del cristal y su doliente lluvia.

 

 

Humo-ahí

Posted in Jorge Castillo Martínez, Poesia on April 9, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

96    yo también me pregunto
97      de qué nos sirve esta breva
98      madrugadas
99      lunas y perro
100    frío, no demasiado
101    y un paseo do circulan
102    pensamientos y recuerdos en desorden
103    un olvido que transcurre en espiral

104    y paganas fiestas y grandes alcoholizaciones
105    viajes y mares o desierto

106    nadie quiere ojos abiertos como rosas
107    ni mujeres de cristal
108    ni lágrimas de seda
109    ni otra cosa que se rompa
110    bajo el sol especular

111    el sol nos quiere fuertes
112    el viento sólo r-eco-cijo embarca
113    la mirada
114    sólo admite objetos sólidos
115    la palabra
116    rehúye cosas invisibles

117    el prado huele a hierba
118    la breva se termina
119    y es un brote pequeñito quien me dice
120    ya dispuesto a germinar

121    uno desea vivir
122    más allá de la embriaguez.

CENIZA ESPIRAL

Posted in Jorge Castillo Martínez, Relatos y Cuentos on March 21, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Recuerdas…

– ¿Te acuerdas, mamá, cuando abrí por primera vez los ojos?

– Sí, lloraste como no he visto llorar a nadie. No querías nacer. Presentiste algo, te asustó mucho y cuando lo viste…. no hubo manera de consolarte.

– No lo recuerdo. Mamá, cuando me cargabas, ¿sabías que iba a ser poeta?

– Tal vez. Un día creí ver un brillo extraño en tu mirada; como cuando ves los amaneceres, los árboles del parque por donde caminas, la lluvia, o cuando miras por la ventana y respiras aire fresco. Es como si buscaras todos los significados.

– ¿Verdad que soy el viento?

– No cabe duda. De niño te dejabas explotar y después te alejabas de todos, pero nosotros sabíamos que estabas en todas partes.

– Y si yo soy el viento, ¿quiénes son mis padres?

– ¿Acaso no te das cuenta, hijo, que soy sólo una Sombra sobre tu cama y que tu padre es El Frío?

– Sí, pero no quería recordarlo. No quería recordar que aquí no hay nadie.

– Perdóname hijo. Te quiero mucho.

– Sí, tú sí me quieres. Dime por último madre sombra, ¿cómo sé cuándo creer en algo?

– Siéntelo en el corazón, lucha por ello.

– ¿Qué pasa si me canso?

– Llora, llora mucho hasta que te duermas.