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HABITACIONES DE UNA URBE IMAGINARIA

Posted in Jezreel Salazar, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

1.

Respiro una atmósfera enclaustrada. Amanezco enfermo y con fiebre. Medicamentos, dolor de cabeza, cerrazón de ideas. Me asomo a la ventana como un preso de su propio cuerpo. Me hallo en una especie de limbo. Mi gato maúlla: olvidé poner su comida. Palpo el piso con mis pies descalzos pero me siento fuera, sin anclaje posible. Duermo a ratos, veo películas, abro un libro u otro sin lograr avanzar. Como y ceno cereal con leche. Despierto a las tres de la mañana y escribo esto.

2.

Prendo el televisor y cada anuncio le hace señas al rumor de tu partida. ¿Quién tiene el valor de huir, la cobardía de quedarse y enfrentar al enemigo que eres tú misma; que soy yo? Cambio de canal, una y otra vez. Entro al zapping, al abismo del zapping. De vez en cuando, me asomo a la calle. Vertedero infame de luces sin destino. En algún lugar está tu cuerpo. Lo imagino incansablemente bajo algún toldo, enterrado en el corazón de otro. Recorro la ciudad en perentoria búsqueda. Salir, respirar… abrir los brazos en todo su compás. Pegar un grito y echar a correr hacia la avenida más cercana, buscando ver el mar de concreto. Imposible: más calles y muros, nombres, pasos en falso. Es la ciudad con su rictus antiguo, esa máscara de piedra que es un espejo y un vértigo. Tras el edificio más alto, una muralla se repite, como si las paredes fueran reproduciéndose en círculos concéntricos infinitos.Todo ocurre en mi cabeza al interior del cuarto, del que no he salido sino imaginariamente.Allá afuera, tu destino en constante desplazamiento. En ese aleph indómito llamado DF te extraviaste, pero al cerrar los ojos, la luz no me dejó su fuego. Sólo me queda el resplandor de la pantalla. Retomo el control remoto y busco algo.

3.

He querido despertar al vecindario. Abrir una puerta que no me lleve a su cuarto. Correr desnudo como un infante sin pudor. La imaginación es infructuosa. Toda tentativa feliz me remite al recuerdo de su tacto.

4.

Otra vez amanecer como si el día hubiera comenzado justo en el momento en que se pone el sol. La temporada de lluvias no es propicia para los noctámbulos, a quienes les es arrebatado el privilegio de vivir a media luz. He intentado llamar por teléfono al contador, pero nunca está o no responde. Siguen llegando las requisiciones hacendarias y yo vivo en casa como un fantasma. Rara vez cruzo el umbral para abandonar estas cuatro paredes. Cuando me atrevo a salir, verifico que nadie me observe y me muevo a paso veloz, para regresar lo antes posible. Este encierro es mi condena pero también un entrañable resguardo. Desde aquí veo el mundo, al que aprecio y anhelo… pero con el cual, cuando me lo propuse, no logré intimar. Hubo una vez una mujer. Ella vivió en este espacio conmigo. Prometió volver. Sé que si decido escapar y dejar esta madriguera, aquella promesa no tendrá ninguna esperanza de verse cumplida. La espera no es mejor que la ausencia. Alguien toca a la puerta. Será mejor que vaya a esconderme en la cocina.

5.

Los vecinos espían cada uno de mis actos. Como girasoles en busca de un destello. Por eso camino de puntillas, cual ratero cuidadoso. Ellos me observan por las mirillas de sus puertas –amarillos chapulines congelados. Me meto en mi cama y por fin cierran los ojos. Vuelven a sus rutinas, sintiéndose culpables. Como si estuviesen absolviendo a un asesino.

6.

Desde tu huida, me resguardo lejos de ti, atado a ti. Ya mis pasos no te recorren. Tu faz me ha sido expropiada. Algún día te vislumbre en cierta esquina, pero incluso eso se ha vuelto imposible: los automóviles me han desplazado de las banquetas y no me atrevo a retarlos. Ante la lluvia y el miedo, he preferido enclaustrarme en esta casa que urge de ventanas. Desde que te fuiste el mundo externo se me ha vuelto un espacio íntimo en donde todavía puedo fingir que existes. Y toda la ciudad es ya sólo espacio interior, búsqueda invisible.

Múltiples Maneras

Posted in Jezreel Salazar, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Tú no lo sabes pero te busco de múltiples maneras. Cierro los ojos para deletrear las líneas de tu rostro. Me sumerjo en mis recuerdos tras tu boca. No te hallo. Pareces esconderte mientras añoro tus labios. Intento dormir para que en algún destello de mis sueños aparezcas. A veces sólo consigo pesadillas. Abro las ventanas para ver si un vendaval trae consigo tu aroma. Subo a la azotea en busca de algún signo lunar, un mapa cósmico que establezca tu ubicación en mi planeta. En situaciones límite levanto el teléfono, ese aparato que apresura las distancias. Pero nadie responde. Tomo un vodka y otro y otro, para ver si al fondo de la botella descubro la respuesta.

Lanzo volados al aire con la esperanza de que la moneda no caiga sobre una de las caras, sino sobre la delgada orilla curva: milagro que seguro abriría el mundo y me traería alguna esperanza. Voy de tienda en tienda buscando linternas mágicas, el favor de algún genio capaz de compadecerse de la piedra nostálgica que es cada una de mis horas. Me paro frente al espejo, acerco mi mano a su superficie plateada e intento atravesarlo en busca de una dimensión alterna en la que acaso te encuentres. Cuento mis lunares como tú lo hacías, como si así se repitiera un ciclo y todo volviera a comenzar.

NOSTALGIA DEL FUTURO

Posted in Jezreel Salazar, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis
A veces me gustaría saber porqué uno tiene que vivir épocas de humo, porqué ciertos días se alargan demasiado y pesan el resto de la vida. Son aquellos instantes de los que uno gustaría deshacerse por completo, sin otro motivo que su recuerdo doloroso.

Y entonces viene el ansia por el olvido, ganas de asesinar a la memoria y días lentos que la ahondan. Pero después de un tiempo necesario esos momentos duros, hondos, agudos como una aguja que corta el agua, de pronto esos recuerdos comenzarán a ser otra cosa, no sé qué, una especie de dolor acompasado pero que no daña más, como música en la distancia, allá lejos, fuera de aquí, en un tiempo ya perdido; sí, música antigua como las fotos de los abuelos con rostros desconocidos pero familiares, y es cuando lo que era frustración del deseo, se volverá nostalgia, y cuando nos llegue eso, aunque aun no podamos sentirnos bien, cuando llegue eso, será como una señal de que vamos a salir, y entonces podremos reír y mover el cuerpo, a cualquier ritmo, con otra música ya, no importa cual, a la que uno tardará en acostumbrarse, pero que por mucho tiempo no dejará de resonar como una melodía que nos refresca la boca y entonces comenzaremos a hablar, y el silencio en que nos habíamos refugiado no nos servirá más, y el agujero en que habíamos metido la cabeza nos resultará incómodo y pequeño e incluso vergonzoso, y de pronto entenderemos que debemos salir ya para mirar el mundo y otra vez caminar…


Todo inició en Febrero

Posted in Jezreel Salazar, Relatos y Cuentos on March 14, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Hubo un vuelco en el clima, a media tarde. El sol vio de fijo a su sombra, miró cómo ésta avanzaba en su contra.

Detrás de la persiana adquiere vida el polvo, develando la obstinación de las arañas y sus delgadas trampas de veneno.

Hay vaho también en los cristales. Una mano deletrea frases en ellos: oídos mudos, dolor de cuello, palabras lentas -caligrafía que resume el ánimo de los objetos.

Hablo de una geografía íntima, repleta de lugares con ansia de olvido: las escaleras de un quinto piso a la orilla de un volcán rojo, un pasillo repleto de cubículos, la textura cálida (o gris) de un cuarto de hotel.

Si redujéramos la osadía a elegir entre dos caminos (estar al borde de una bifurcación y simplemente avanzar sobre una senda), las posibilidades serían siempre felices. ¿Qué hacer cuando lo que falta es remontar un acantilado transparente? ¿Cómo hallar la escalinata para descender hacia el vértigo que emana de la noche de un cuerpo?

No hay ecosistema que se resista a la depredación, ni intimidad que no aprenda a leer el deterioro, después de los segundos idos y los abrazos rotos.

Lo sabían aquellos que nos rodeaban, los merodeadores de alta linterna, de cuyos pasos andábamos atentos o temerosos.

Pronuncio una palabra y adquiere vitalidad la verdad del vínculo: el temor nos unía. Desde hoy serán otros quienes sostengan los miedos a los cuales aferrarnos.

Imagino las lluvias de julio, ciertas risas proferidas en otro marzo. No es factible el paraíso que ha terminado.

Un teléfono o dos, no importa cuántos, timbran en silencio. Nadie los atiende o alguien los ignora. Las voces no duran sino breves eternidades. Y de pronto callan, cuando la espera deja de tener sentido.

Nada más propicio que el inicio del año para retirarse a dormir o jugar naipes o dar vuelta sobre el mismo recinto.

El cuerpo es un caracol que retumba. La piel es una espora que resucita. Cada poro es salvación circular. Por eso, tan sólo hay que girar… Eso. Ya lo dije. Sólo queda girar y encontrar el punto de equilibrio. Un centro que sea como el punto sobre las íes. La medida perfecta para escribir “querida”, “adiós” o “te necesito”, sin errores.

Pienso en un color de cabello y se detiene una habitación en mi memoria. He entendido la importancia de las mudanzas.

Algún día volverá a ser febrero. O no.

Ficha:

Jezreel Salazar posee dos manías: hallar paisajes públicos en el cuerpo ajeno y recorrer la ciudad como si fuese espacio íntimo. Su más reciente libro es Sentido de fuga. La ciudad, el amor y la escritura, donde compila crónicas, ensayos líricos y otros derivados. http://jezsalazar.blogspot.com