Archive for the Alma Ramirez Iñiguez Category

Pajarito Ruiseñor

Posted in Alma Ramirez Iñiguez, Poesia on May 18, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Mi cabeza puede caer,

Volar,

Retorcerse,

Dar vueltas…

Tú me preguntas,

Me reclamas,

Por qué no me escribes,

Por qué no me hablas,

Por qué no respondes

Alma mía alada.

Mi cabeza cae,

Vuela,

Se retuerce

Y da vueltas

Pero entiende!

No alrededor tuyo.

Sintiendo a la muerte chiquita

Posted in Alma Ramirez Iñiguez, Relatos y Cuentos on April 9, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Ya no recuerdo todos los momentos en lo que he sentido a la muerte de cerca, muy cerca, entrando por mis oídos, por mis ojos o mi olfato, paralizándome. Llega a mi boca y sabe agria, me seca la lengua y la siento salir desde el estómago, pasar por el esófago y llegar a la boca totalmente ácida, no sé por qué no me ha manchado los dientes.

La muerte chiquita no mata completamente, sólo te parte de tal forma que ves diferentes realidades: la que sientes, la que imaginas, la que bloqueas, la que quieres borrar pero que no se va. Me ha matado tantas veces que la acepto como parte de mí y como parte de la relación dialéctica que tiene con la vida. Una no puede vivir sin la otra.

La muerte, aquella simbólica, da paso a la pulsión de vida que se recrea para inventar una nueva realidad, otra, la que sea, la urgente.

Lo peor de la muerte chiquita es cuando te matan inesperadamente, sin saberlo ni tú ni el propio asesino, el que te deja con la sangre, las vísceras de fuera, los brazos rotos, las piernas inmóviles y, sin embargo, tu cuerpo está intacto como cuando estabas vivo y sólo la sientes agria en la boca, te seca la lengua, te moja los ojos, te quema el estómago y te mata, y no eres real pero sí lo eres.

Cuando te mueres, sólo deseas que la muerte pase, pero no pasa, se queda, te quema, te duele y te mata más.

 

Desde lo concreto hasta lo imaginario

Posted in Alma Ramirez Iñiguez, Poesia on April 2, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Son muchos los ámbitos en los que te quiero e innumerables los espacios concretos, abstractos e imaginarios en los que te siento, te veo y te vivo, escenarios en los que somos y nos reconstruimos, en los que nos decimos y nos dejamos ser.

En tus besos, en tu piel, en tus caricias y tus abrazos, en el suelo que pisamos cuando estamos juntos y separados, en la comida que compartimos, en el agua en la que nos bañamos y en los juegos en los que nos regocijamos como cuando éramos pequeños.

Pero esto en algún momento se transformó, o tal vez no fue uno solo sino muchos los momentos los que hicieron que además de amarte en lo tangible también te amara a través de las palabras que me consolaron, de las pláticas que parecen cortas y que no lo son, de tu sensibilidad, de tu corazón, de las miradas que me dicen que también me amas, de las utopías que hacemos juntos y por las que luchamos en lo individual, de toda tu presencia y de todas tus ausencias.

Y es en estas últimas en donde te invento, en donde gozo al pensarte en medio de mis proyectos, de mis escritos y de mi cotidianidad, en medio de mi soledad en la que además de estar conmigo estoy contigo. Es entonces donde te encuentro en la felicidad que alimentas y que compartimos en la distancia, esa que se convierte en cercanía y en la que estás aquí aunque estés allá.

Son muchos los ámbitos en los que te quiero y muchos más en los que te voy amar.

 

 

REALCE DE UN CUERPO

Posted in Alma Ramirez Iñiguez, Poesia on March 12, 2012 by Revista Argot & Aisthesis

Siempre me miran, no puedo pasar desapercibida, me siento distinta, lo soy, me juzgan sin decir nada, lo siento en sus miradas en el metro, en la calle, en el mercado, por donde vaya.

Mi cabeza velada, mis vestidos que llegan a los pies. Aunque realmente no soy tan distinta a los cuerpos de otras mujeres que pasean en esta sociedad occidental. Dentro de su diversidad camuflada, algunas también usan faldas que les cubren hasta los tobillos, otras pintan sus cabellos de colores, algunas más usan botas de camionero y brillantes en las narices, las cejas o los labios, y casi todas se desindividualizan quitándose los pelos del cuerpo y mostrando su divina esbeltez.

Me pregunto si en ocasiones sentirán que sus cuerpos son diferentes, como el mío, si los mirarán tanto como al mío, si también sentirán los juicios, si sus cuerpos son tolerados, admirados, deseados, autónomos, despreciados o si pasan sin pena ni gloria.

Alguna me ha dicho sumisa o abnegada, se ha sentido ofendida con mi cuerpo cubierto, me ha reprochado los años que al suyo le ha costado liberarse en su contexto de libertades mediocres. Me ha exigido cambiar mis ropas por las suyas e incluso ha cuestionado mi placer sexual.

No sólo me he sentido agredida en mi corporeidad y elección para vestirme, sino que también interpelo esa libertad que ella asegura haber conquistado. Me pregunto si las operaciones de su nariz y sus senos, si su cara con botox y la insistencia en detener su cuerpo a través del tiempo realmente alude una libertad auténtica, ausente de complacencias externas a ella misma.

Camino y me veo en el reflejo de aquellos que me miran y sonrío por mi diferencia y gozo por los que no se atreven a ver en mí sus propios deseos de libertad.