Crisálidas inhabitadas.

Perdimos la ternura adolescente

Y hace mucho el atractivo infantil

Hoy nos queda defendernos

Con los que nos quedó:

El umbral a la audacia senil.

Vómitos encendidos de licor

Una cerilla y abre el fuego

De la alucinación.

Una botella vacía y abre el sendero

Del peyote y su anatomía.

Mentes de ideología futurista

Dando saltos

Y levantando las caras

Para escapar en un inconsciente brinco.

Cinemáticamente,

Los seres exprimidos por la mezcalina,

Producen movimientos relativos

A la danza india.

Y como en un pueblo entero

Lo más importante,

¡Es lo que tú te niegas a decir!

¡Es lo que tú te niegas a pensar!

¡Es lo que tú has dejado de danzar!

A la orilla de cada ciudad,

Las llamas guardadas y adormiladas

Y el volcán, no anuncia si estallará.

La erupción escupe cenizas

Pero no derrite al volcán

Lo ennegrece

Pero la brisa lo viene a limpiar.

Como en cada final infinito,

La gente no deja de ser joven

Solo olvida que lo es.

Los viejos suelen perder la memoria

Así que olvidan lo jóvenes que son.

Viejos jóvenes, espíritus jóvenes,

Muertos jóvenes.

Que aunque muertos,

Jóvenes.

Las arrugas son las curvas

De una montaña rusa,

Mezclan el miedo y la emoción al subir;

Y aunque el descenso

Provoca la sensación de tensión

En la revolución del estómago,

Siempre hay un barrote firme

Para sostenerse ¡Fuerte!

No lo sueltes, o caerás aún más

¡Fuerte!

¡No envejezcas

O morirás aún más viejo!

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